Hoy el articulo que quiero publicar va dedicado a una famosa cantante que hace años se retiró de ese mundo para vivir más tranquilamente.Los lazos que me une a esta cantante es de un inmenso amor, hace años mis padres y ella mantenían una afectiva amistad, un gran cariño y más cuando coincidieron en Madrid, donde mantuvieron contacto por sus profesiones.
Falleció la noche del lunes del día 8 de este mes de Abril a los 61 años en el hospital Morales Meseguer de Murcia, allí también estuvo mi padre antes de hacerle hace años el trasplante de corazón, buen hospital nuevo y con grandes profesionales.
Mari Trini nació en Caravaca de la Cruz (Murcia) el 12 de julio de 1947 y fue una cantante muy popular en los años 70 y 80. Su verdadero nombre es María Trinidad Pérez de Miravete Mille. A los siete años se le diagnosticó una enfermedad que le obligó a permanecer en cama hasta los catorce. Es precisamente en ese periodo, cuando guitarra en mano, decide escribir esos poemas huyendo del desamparo, de la tristeza, y preguntándose «quién a los 15 años no dejó su cuerpo abrazar», mientras ella se ponía a levantar su casa de «lluvia, amor y fuego». y nace la artista que llegamos a conocer.
Se ha despedido como vivió, desde la ardiente intimidad, desde la siempre defendida torre de su soledad. Como un ave de primavera ha dicho adiós. Con un leve temblor y un último aleteo de sus alas. Ha dejado de volar, ha dejado de cantar de rama en rama, ha callado su discreto gorjeo, y duerme ya el trino de Mari Trini, la voz que tantas veces nos hizo compañía, tantas décadas disco a disco a nuestro lado, canción a canción, en las que como en un hombro amigo apoyamos nuestras penas, y dejamos descansar esos desastres íntimos con frecuencia ineludibles.
Gran admiradora de Pablo Neruda.
En cuanto pudo, principios, muy principios de los años sesenta, dejó atrás, ligera, ligerísima de equipaje, un hogar dividido, y para Madrid que se fue siendo una adolescente, con la guitarra al hombro, con la guitarra en bandolera, un puñado de sueños en la mochila, un racimo de estribillos en la garganta, un vestido negro y unas camperas, disfrazada como ella decía del personaje de sí mismo, tal vez de la actriz de cine que toda la vida soñó con ser.Rebelde con alguna causa, La misma adolescente contaría que hechizó al director de Holywood Nicholas Ray, que vio en ella a una rebelde con unas cuantas causas, y que se la llevó a Londres,
Para que Mari Trini aprendiera y se curtiera. Y dicho y hecho: aprendió y se curtió al lado de Peter Ustinov, de Polanski, de Paul McCartney y hasta de la Dietrich. Y luego París, claro.
Discreta, ardiente defensora de su intimidad, luchando siempre a brazo partido por cada milímetro de su vida, debatiéndose alguna vez en la mar borrascosa de la depresión, Mari Trini siguió cantando mientras pasaban a su lado, efímeros, fugaces, los modos y las modas.
A finales del año 2005, publicó un doble disco recopitalorio y un vídeo, y desde el año pasado vivía en una urbanización a las afueras de Murcia preparando el que iba a ser su concierto de despedida de su carrera y un libro de poemas, según la web oficial de la artista.
El álbum que grabó en 1995 se tituló 'Sin barreras' y apareció con 13 temas, entre ellos 'Cuando me acaricias', 'Yo no soy esa', 'Una estrella en mi jardín' o la melancólica 'Amores', sus temas de siempre, a los que se sumaban "Sin un adiós", 'Qué quieres que te diga corazón' o 'Vals a la vida', entre las nuevas.
En los años 80, Mari Trini publicó el trabajo 'Oraciones de amor', al que seguirá un año más tarde 'Una estrella en mi jardín' y con la canción que da título al mismo obtuvo uno de sus mayores éxitos.Solamente hay estrellas. Y a mí se me ha caído una estrella en mi jardín. Las dos cosas. Una noche una estrella cayó en mi jardín y se quedó conmigo. Lo voy a decir cantando. ¿No crees?», le contó entonces a Adolfo Marsillach en una preciosa entrevista firmada por el actor, director y dramaturgo.
Nunca la política metió la mano entre sus pentagramas, y quizá por ello el viento de los cambios no se la llevó por delante como a otros compañeros de verbo más encendido e incendiado. Porque ella siempre prefirió cantarle a la independencia, a la infancia perdida, a las despedidas, a los adioses, a la soledad, esa soledad que había vivido tan en primera persona y desde niña, ella quiso cantarles a esas cosas cotidianas que son imprescindibles para seguir caminando por las aceras de la vida y cantándole, sobre todo, al amor, porque, como ella decía, «siempre hay que cantarle al amor y al mar».
Un saludito.





